México, al igual que muchos otros países en vías de desarrollo, sufre de una gravísima crisis económica, derivada del predominio que en muchos ramos del quehacer humano, tienen naciones con mayor desarrollo.
Uno de los cimientos del desarrollo como se concibe en la actualidad es el manejo de información. Todos los sectores de la economía dependen para su mejor interacción de mecanismos que faciliten la generación, el transporte y el análisis de datos (información) para la toma de decisiones, para actuar a tiempo ante los embates de un entorno global cambiante.
Tristemente, la percepción de la importancia que la inversión en tecnología tiene para el crecimiento sostenido a largo plazo no es una habilidad que caracterice a nuestro gobierno. Es comprensible que las presiones de índole alimentaria y crediticia no brinden la oportunidad de una inversión estable en materia de investigación y creación de tecnología. Es claro también que la ventaja temporal, organizacional y económica de los países del primer mundo no facilitan dicha inversión. El resultado es un retraso tecnológico continuo, que se manifiesta hasta los niveles más básicos de vida de la población en general.
En general, la actualización tecnológica de un país tiene un costo tan alto, a todos los niveles, que se vuelve aparentemente inalcanzable. El costo de crear núcleos de desarrollo e investigación tecnológicas es igual o mayor. Latinoamérica es la región que más rápidamente crece de todo el mundo, en términos de computación. Este fenómeno contribuye fuertemente a la tendencia de globalización de las comunicaciones: ya no existen fronteras significativas para la comunicación. Algunos efectos de la globalización son los siguientes:
Por otra parte, desde el punto de vista del desarrollo tecnológico, la globalización facilita la colaboración, lo que a su vez, en lo que a nosotros atañe, se manifiesta como un fenómeno de apertura en los esfuerzos colaborativos de creación de software. Por primera vez podemos contemplar el concepto de software abierto en acción.
Con la apertura del software, se observan los siguientes fenómenos correlacionados:
En México, el crecimiento económico no ha contemplado la creación de tecnologías informáticas propias. Existe una miopía generalizada, en el sentido de que no parecen tener la disposición de invertir en el mediano y largo plazos.
Concentran por entero sus recursos y sus esfuerzos en la satisfacción de las necesidades más básicas e inmediatas. El efecto de esto en la economía del país es devastador.
Creemos firmemente que la estrategia que el gobierno debe seguir para lograr algo más que la satisfacción de las primeras necesidades debe contemplar la visión a largo plazo de su lugar en relación con las otras naciones. Es decir, debe cuestionar las políticas de ejercicio de sus recursos. Debe promover una transición hacia una economía con visión de largo plazo en la que un componente importante son las tecnologías de la información.
Thomas Hobbes describía a la sociedad como a un Leviatán, un ser gigante que cuenta con órganos como un ser humano y que se comporta de acuerdo con lo que sus partes saben y pueden hacer. En el modelo de Hobbes, al gobierno le correspondía la responsabilidad de ser la cabeza del ser. De acuerdo con este mismo modelo, creemos que un gobierno que no atiende a las necesidades y los consejos de sus instituciones educativas es como una cabeza que coordina, pero no piensa. Son las universidades el semillero en el que las ideas cobran forma, y son las ideas las que pueden dar fuerza o debilitar a una estructura social en su conjunto.
La estrategia actual, de satisfacción a corto plazo, implica la costosa importación de tecnologías cerradas y propietarias que, si bien parecen resolver el problema de inmediato, menoscaban la capacidad futura de crecimiento real e impiden una planeación autónoma para el impedimento del resurgimiento del problema en cuestión. Además, esa estrategia obstaculiza la creación nacional de tecnologías alternativas que puedan resolver con exactitud las problemáticas nacionales reales, y responder a problemáticas futuras difíciles de prever.
En general, en la industria del software, nos enfrentamos a unos cuantos monopolios. Cuando se trata de algo tan sensitivo como el manejo de la información, que es fundamental para la operación de todo el engranaje productivo y social, la existencia de una única fuente de soluciones significa una completa dependencia de lo que dicha fuenta pueda o decida proporcionar.
Gracias a ese control, el desarrollo o contracción de otros sectores económicos está fuertemente ligado a los deseos de quien no debería tener ese poder.
En resumen: depender de un monopolio, lejos de lo que muchos piensan, no es una fortaleza, sino una terrible debilidad.
A manera de ilustración de lo que el pago de licencias significa para el presupuesto del gobierno, tenemos que un servidor típico con software propietario cuesta, tan solo por concepto de licencias, USD$10,000. Una computadora cliente típica, para ese servidor, con el mismo tipo de software, cuesta en materia de licencias USD$800, mientras que una estación de desarrollo, en la misma línea, cuesta en licencias USD$2,500. El total: USD$13,300.
Hay que notar de lo anterior que el software no se compra. Lo que se paga es únicamente por la licencia para utilizar el software, pero éste jamás forma parte real de la propiedad de la organización.
Existe el mito de que la adquisición de licencias de software comercial significa un incremento en el activo de las empresas. Sin embargo, a diferencia de otros bienes que tienen una vida productiva relativamente prolongada, el software comercial cae en obsolescencia a gran velocidad.
De acuerdo con lo que se acaba de decir, la compra de tecnología propietaria, aún si se anuncia como "de vanguardia", es fuente de subdesarrollo. Mientras nuestro país no consiga escapar a este círculo vicioso, creado por las grandes transnacionales seguirá dependiendo de lo que se le brinde para construir sus soluciones, y seguirá exportando capitales a gran velocidad.
Al contrario, la creación de tecnología es fuente de progreso. Es claro que el esfuerzo que se requiere para hacerlo es mayor que el de simplemente comprar. Pero sostenemos que hoy en día se cuentan con elementos tecnológicos que permiten hacerlo, de inmediato. Hay que pensar a largo plazo. El software es una herramienta de desarrollo social.
La fenomenología descrita está cada vez más presente en las mentes de organizaciones en todo el mundo. Existen muchas razones por las cuales se puede rechazar el modelo monopólico. Algunas compañías apoyan el alejamiento de dicho modelo para hacer crecer su mercado objetivo. Otras, más radicales, han aceptado el modelo de software libre y se acercan a él. Finalmente, habemos quienes creemos firmemente en la posibilidad de supervencia y crecimiento con apego al modelo.
Algunos ejemplos de quienes apoyan al software libre, de alguna forma u otra, son:
Existe un gran número de costos ocultos en el uso de software comercial. Algunos de ellos son: